Ana Frank

El 12 de junio de 1942, una niña de 13 años despertaba entusiasmada para abrir su regalo de cumpleaños. Solo que el elemento sorpresa no estaba presente esta vez. Era el regalo que ella había pedido: Un cuaderno cubierto con una tela de cuadros rojos y verdes. Fue así como daría inicio El Diario de Ana Frank, un documento autobiográfico que llegaría a ser un icono del Holocausto de la Segunda Guerra Mundial.

Annelies Marie Frank Hollander nació el 12 de junio de 1929, en la ciudad de Frankfurt, Alemania. De origen judío, la familia de Ana decide mudarse a Amsterdam luego de una crisis económica y del surgimiento de Adolf Hitler y su agenda antisemita.

Ana Frank captada en video

Es en los Países Bajos donde los Frank encuentran refugio y reanudan una vida pacífica, produciendo una empresa y asistiendo a la escuela, hasta el momento de la invasión alemana el 10 de mayo de 1940 y la caída de la ciudad cinco días después.

Ante la pérdida paulatina de sus derechos civiles debido a las medidas impuestas contra los judíos, la familia Frank opta por desaparecer ocultándose en un anexo secreto en la oficina de Otto Frank, el padre de Ana, el 6 de julio de 1942. Eventualmente se les unirían cuatro personas más, dando origen a una serie de eventos placenteros y amargos que quedarían registrados en el diario de Ana. Su único vínculo con el exterior eran cinco empleados de la confianza de Otto, quienes les proveyeron de comida, ropa y libros durante el tiempo que permanecieron en el anonimato.

Paseo virtual del "Anexo Secreto"

En el Anexo Secreto, Ana Frank pasaría de la niñez a la adolescencia durante el periodo de poco más de dos años en confinamiento. La interacción entre los habitantes del Anexo y la necesidad de pasar desapercibidos para los obreros de la oficina durante la jornada de trabajo requirió de estricta disciplina y colaboración de cada uno de ellos. Sin embargo, como se esperaría, no siempre fue fácil.

Ana, en particular, se vio afectada en la convivencia con los demás miembros. Fueron esos momentos de placer y de tensión los que inspiraron la mayor parte de su diario, en el cual quedaron registradas las anécdotas, los sentimientos, sueños, y los cuentos de una adolescente con deseos de vivir; con el tiempo, también compartiría su visión de Dios y de la naturaleza humana. Escribir le ayudaba a sobrellevar la experiencia del encierro.

En el refugio, Ana comenzó a albergar la idea de ser periodista; quería escribir. Escuchando en la radio la solicitud del ministro de educación neerlandés de conservar los diarios escritos durante la guerra, se le ocurrió que podría reeditar su diario para convertirlo en una novela. Un proyecto que dejaría inconcluso, ya que el 4 de agosto de 1944, la Gestapo irrumpió en el escondite, llevándose a sus habitantes bajo arresto.

De esa manera inició su recorrido por diversos campos de concentración en los que fueron sometidos a trabajo forzoso. En Auschwitz, las mujeres y los varones fueron separados. Ana pasó por los campos de Westerbork, Auschwitz y, finalmente, Bergen-Belsen, donde en marzo de 1945 (una versión reciente señala el mes de febrero) falleció junto con su hermana, Margot, víctima de una epidemia de tifus. Bergen-Belsen fue liberado por las tropas británicas el 15 de abril de 1945.

Otto, el único sobreviviente de los habitantes del anexo secreto, recuperó el diario de su hija tras enterarse de la muerte de su familia. Al principio lo conserva para sí, pero luego de conocer la voluntad de Ana sobre publicarlo, Otto decide editar una versión para el público y la imprime en 1947 con el título de Het Achterhuis (La casa de atrás).

AnneFrankSchoolPhoto

Desde el mismo comienzo, el diario de Ana Frank obtiene una recepción favorable. Sus páginas le han dado la vuelta al mundo, habiendo sido traducido a varios idiomas, y en la actualidad se encuentra en la lista de los libros más leídos. La historia de Ana ha inspirado obras de teatro, películas y libros. Y para conservar este legado, en 1957 se establece la Fundación Ana Frank, la cual restauraría el ático y lo tornaría en el museo de la Casa de Ana Frank en 1960.

En los años siguientes, Otto se dedicó a abogar por los derechos humanos y el respeto en el mundo. Él y su segunda esposa, Fritzi, respondieron innumerables cartas de los lectores del diario. Se dice que Otto solía concluir sus cartas de la siguiente manera:

“Espero que el libro de Ana pueda inspirarte cuando seas mayor, para que en tu entorno puedas luchar, en la medida de lo posible, por la paz y el acercamiento entre los hombres.”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s