Guerras y rumores de guerras

Hace unos días leí en Facebook una publicación escrita por una persona bien conocida en una comunidad cristiana que decía más o menos así: ¿Qué pensamientos te evocan los acontecimientos actuales?

Las replicas que leí en su mayoría afirmaban: Que Jesús viene pronto.

Y es verdad. En un pasaje bíblico en los Evangelios, Cristo advierte que antes de su segunda venida se oirían “guerras y rumores de guerras” (Mateo 24:6; RVR1960):

Ustedes tendrán noticias de que hay guerras aquí y allá; pero no se asusten, pues así tiene que ocurrir; sin embargo, aún no será el fin. Porque una nación peleará contra otra y un país hará guerra contra otro; y habrá hambres y terremotos en muchos lugares. Pero todo eso apenas será el comienzo de los dolores.

(Mateo 24:6-8; DHH)

¿Significa que Dios nos envía conflictos armados y desastres naturales para servir de señales?

Claro que no.

Todo lo bueno viene de Dios. El sufrimiento no proviene de la mente del Creador.

Pero Dios sabía que las tensiones entre los gobiernos escalarían a tal grado que las guerras se dispararían. De hecho, han sido parte de la historia de la humanidad.

Entonces, es verdad que Cristo viene pronto. ¿Pero será que hemos de esperarlo en actitud pasiva mientras que el dolor se desenvuelve a nuestro alrededor?

¿Qué pasaría si, además de recordarnos las profecías, estos eventos bélicos despertaran nuestra compasión para actuar en favor de quienes están sufriendo?

31 »Cuando el Hijo del hombre venga, rodeado de esplendor y de todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. 32 La gente de todas las naciones se reunirá delante de él, y él separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. 33 Pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. 34 Y dirá el Rey a los que estén a su derecha: “Vengan ustedes, los que han sido bendecidos por mi Padre; reciban el reino que está preparado para ustedes desde que Dios hizo el mundo.35 Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; anduve como forastero, y me dieron alojamiento.36 Estuve sin ropa, y ustedes me la dieron; estuve enfermo, y me visitaron; estuve en la cárcel, y vinieron a verme.” 37 Entonces los justos preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre, y te dimos de comer? ¿O cuándo te vimos con sed, y te dimos de beber? 38 ¿O cuándo te vimos como forastero, y te dimos alojamiento, o sin ropa, y te la dimos? 39 ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?”40 El Rey les contestará: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron.”

(Mateo 25:31-40; DHH)

 

…El ayuno que a mí me agrada consiste en esto:

en que rompas las cadenas de la injusticia

y desates los nudos que aprietan el yugo;

en que dejes libres a los oprimidos

y acabes, en fin, con toda tiranía;

en que compartas tu pan con el hambriento

y recibas en tu casa al pobre sin techo;

en que vistas al que no tiene ropa

y no dejes de socorrer a tus semejantes.

(Isaías 58:6-7; DHH)

 

27 La religión pura y sin mancha delante de Dios el Padre es ésta: ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y no mancharse con la maldad del mundo.

(Santiago 1:27; DHH)

 

Sentarse esperando el cielo mientras la injusticia social se desenvuelve a nuestro alrededor —eso no es cristianismo, es fría indiferencia.

Jennifer J. Schwirzer

Es evidente que la justicia social, la compasión y el amor hacia la humanidad son recurrentes en el cristianismo. Son necesarios en la humanidad.

Si las crueles escenas de la guerra en Siria no despiertan en mí el deseo de ayudar, ¿qué me ocurre?

Estoy totalmente a favor del hashtag #PrayForSyria (Ora por Siria). Pero en estos casos —como en otros—, siempre que sea posible, la oración ha de ir acompañada de la acción. No es lo mismo orar: “Señor, dale alimento a aquellos que no lo tienen”, a decir: “Señor, ayúdame a compartir mi alimento con aquellos que no tienen un plato de comida”. En el caso de la guerra, junto con la oración para que este conflicto se resuelva, para que no haya más afectados…, acciones concretas debieran realizarse para apoyar a las víctimas.

Ahora piensa en tu propio contexto:

¿Qué decisión has tomado con respecto a la crisis en Siria?

¿Qué medidas ha tomado tu gobierno para ayudar?

¿Qué está haciendo tu comunidad de fe para aliviar el dolor de los sufrientes?

Cristo pasó la mayor parte de su ministerio sanando a los dolientes. ¿Estamos haciendo lo mismo?

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