Construyendo puentes – parte 1

Barry Gane se unió a una comunidad cristiana a los 17 años, pero pronto perdió el interés tanto en ella como en la escuela. En su lugar, pasaba el tiempo con un grupo de amigos que compartía su afición por las motocicletas.

En ese periodo de su vida solo le importaban dos personas: él mismo y su novia. Un evento desafortunado, sin embargo, lo llevaría a replantear su paradigma y a prometerle a Dios que, si lo ayudaba,  lo incluiría en su vida nuevamente y regresaría a la comunidad cristiana que dejó atrás.

Y en efecto, la respuesta llegó. Pero Gane ignoró su promesa.

No fue sino hasta que un sábado, cuando sus padres se despidieron antes de partir a una reunión de su comunidad cristiana y él trabajaba en el mantenimiento de su motocicleta, cuando recordó el trato que había hecho y decidió cumplirlo en ese momento. Empero, resolvió ir tal como estaba: con las marcas del trabajo en sus manos y ropa. Se propuso presentarse de manera tan inapropiada como fuera posible para asegurar su rechazo y no volver nunca más.

No obstante, para su sorpresa, le dieron la bienvenida con abrazos y lágrimas.

Gane se sentía confundido, pero extrañamente feliz.

Fue el amor y la tolerancia de mi familia —escribió—, y la de una comunidad que en verdad era una familia, lo que contribuyó a mi regreso.

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Imagen tomada de YouTube.

Fuente:

Hopkins, G., Tetz, M. (2013). ¡Sí podemos conservarlos en la iglesia!

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